¿Qué es la realidad preindividual?

¿Podemos captar lo que caracteriza a un ladrillo observando un ladrillo? El impulso básico que anima la filosofía de Simondon reside en una respuesta negativa a dicha pregunta: lo que caracteriza a un individuo no puede ser captado en dicho individuo, sino únicamente en su proceso de individuación, es decir, en el proceso que ha dado lugar a su génesis. Solo quien produce un ladrillo puede captar las peculiaridades de ese ladrillo. Por tanto, la tarea que ha de acometer su filosofía consiste en explicitar en qué consiste el proceso de individuación, y en atender a las particularidades de los diversos procesos de individuación (físicos, biológicos, psico-sociales, técnicos).

Los procesos de individuación son caracterizados de manera general como el paso de una realidad preindividual, cargada de potenciales, a la génesis de un individuo y del medio asociado a él. El concepto de realidad preindividual es una hipótesis especulativa que necesita ser articulada rigurosamente, rigurosidad que no encontramos en las caracterizaciones que nos ofrece el propio Simondon. En ocasiones, la realidad preindividual es caracterizada como el apeiron de Anaximadro, realidad indeterminada que ulteriormente adquirirá determinación; en otras ocasiones, muy al contrario, la realidad preindividual posee caracteres bien definidos: es la sustancia amorfa en equilibrio metaestable que puede ser estructurada por el germen en el proceso de cristalización; o la piedra que puede iniciar una duna. Llegamos así a la pregunta que queríamos plantear: ¿acaso los individuos pueden ser realidad preindividual? Y entonces, ¿está justificado seguir denominándolos como preindividuales?

Adelantando un poco las cosas, consideramos que la respuesta a ambas preguntas es afirmativa, y que la única manera de justificarlas radica en una ontología relacional, y que incluso Graham Harman, el apostol de la Object-Oriented Ontology, podría estar de acuerdo con esta justificación, a pesar de su alergia a todo concepto de preindividualidad. La realidad preindividual, nos dice Simondon, es una realidad en la que diversos órdenes de magnitud permanecen incomunicados. Esta diversidad, como toda diversidad, posee una capacidad de transformación, es decir, un potencial. La aparición de un individuo, fruto de un proceso de individuación, consiste en la puesta en comunicación de esos órdenes de magnitud dispares: es el encuentro de una compatibilidad entre ellos. La existencia de un individuo consiste en la resolución de una problemática, de una disparidad, que no había sido resuelta hasta entonces (en esa forma concreta; no queremos decir que esa misma disparidad no haya sido resuelta antes por otro individuo). El individuo existe en la medida en que dota de significación a aquello que hasta entonces no era más que disparidad. Pero la solución en que consiste el individuo no agota la problemática, sino que sigue estando presente, en forma de medio asociado: el medio es la realidad preindividual que sigue teniendo asociada el individuo, fuente de posteriores individuaciones, potencial para nuevas transformaciones, hasta el definitivo agotamiento: la muerte. La muerte del individuo es la incapacidad para seguir resolviendo la problemática que le ha dado origen.

Consideremos ahora una planta. Una planta es un individuo o, si Harman lo prefiere, un objeto viviente. Ha de ser, por tanto, un lugar de resolución de problemas. ¿Cuál es su problema?, ¿qué disparidad logra resolver? La planta es el lugar de comunicación entre las realidades dispares de la radiación solar y del agua y las sales minerales contenidas en la tierra, las cuales, tal como nos dice Simondon, son de un orden de magnitud diferente y hasta entonces permanecían incomunicadas. Ahora bien, los fotones son individuos físicos, y las sales son individuos físico-químicos. Parece que debemos aceptar, por tanto, que los individuos pueden ser realidad preindividual. ¿De qué manera podemos justificar entonces que los denominemos como preindividuales? El criterio que ofrecemos es el siguiente: un individuo puede actuar como realidad preindividual en la medida en que sea condición de posibilidad para la génesis de un nuevo individuo. Es decir, aquello que puede ser denominado como preindividual es siempre relativo a la efectiva creación de un individuo. Y este criterio puede ser satisfecho perfectamente por un individuo, pero nunca por sí mismo. Para ello, necesita entrar en relación con otro individuo.

La relación, la comunicación entre individuos (en nuestro ejemplo, los fotones y las sales) es el origen de la aparición de un individuo genuinamente nuevo (la planta), respecto a la cual ellos pueden ser caracterizados como preindividuales. Únicamente cuando la planta aparece, cuando resuelve la disparidad entre ellos, y no antes, es cuando estamos autorizados a denominarlos como preindividuales: únicamente respecto a ella. Par justificar esto, tal como Simondon hace, debemos concederle a la relación un rango de ser: la relación entre individuos es el origen de la génesis de un nuevo individuo, cuyas propiedades no son reductibles a la suma de las propiedades de los individuos cuyo encuentro lo ha originado. El individuo es “centro y actividad de relación”, producto de una relación y proceso en el que la actividad relacional que lo ha originado continúa presente.

Tal como anunciábamos, consideramos que, desde este punto de vista, la alergia de Harman al concepto de preindividualidad, e incluso al arché de los presocráticos, puede ser superada. En uno de sus últimos artículos, Harman nos dice que las  philosophies of the so-called “pre-individual”” son filosofías anti-objetos en las que éstos son undermined. Y más tarde leemos lo siguiente: “Although all objects are made up of relations between component objects, it is not necessarily the case that all objects enter into larger components in turn” (se puede leer el artículo aquí). Dejando de lado la segunda parte del argumento, la primera frase condensa perfectamente la caracterización de la realidad preindividual que hemos ofrecido aquí. Parece ser que Harman, cuando leyó las “filosofías del así llamado preindividual”, no quiso leer el ejemplo que Simondon nos ofrece de la realidad preindividual como piedra que inicia una duna.

No se puede descartar la posibilidad de que Harman no acepte denominar como preindividual a un individuo (u objeto), aún cuando sea relativamente a su participación en la creación de un nuevo individuo, tal como hemos descrito aquí. Cuando las escuelas crean sus códigos, no quieren que sean contaminados. Eso podría confundir a sus adeptos.

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4 respuestas a ¿Qué es la realidad preindividual?

  1. Filosofías del proceso dijo:

    Buena aclaración: Si he entendido bien, un individuo puede -¿es?- ser realidad preindividual siempre que conserve alguna reserva de potencial para, al entrar en relación con otros individuos (sólo en determinadas condiciones, de determinada manera, etc.), iniciar otro proceso de individuación. Siempre había pensado en el modelo del apeiron.
    Esto es algo que forma parte de la definición de los “sistemas complejos”: las propiedades y comportamiento del sistema no son derivables de las de los componentes tomados aisladamente. Es importante el “aisladamente”: aunque sus componentes puedan continuar existiendo fuera del sistema (como una molécula en una célula, etc.) al entrar en relación constituyen un sistema que es algo más de lo que darían de sí por separado. De algún modo la estructura generada en el orden de magnitud superior influye en el comportamiento de los componentes aunque éstos lo sostienen: evidentemente, el sistema no puede ser aislado de los componentes.(Aunque sí abstraído y reproducido, aprovechando que los componentes pueden ser sustituidos por otros similares, de acuerdo con la actividad del propio sistema, mediante reproducción o a través de un agente externo capaz de manejar información abstracta).
    Afirmar que la relación tiene estatuto de ser es dar, tal vez, un primer paso para hacer inteligible esta situación, pero para seguir habría que detallar en qué consiste el ser de la relación, que parece diferir del de los individuos, pues no tienen esa capacidad de “separarse”, a diferencia de los cuales se repliegan en los potenciales, se despliegan en los procesos de individuación e incluso se transmiten, imprimen y reproducen.

  2. desdelafuente dijo:

    La lectura me ha evocado constantemente a Jung (proceso de individuación) y Wilber (sistema holárquico). E inevitablemente he desembocado en las quasipartículas del electrón: orbitón, espinón y holón. ¿Estará ahi la clave de la relación? ¿Qué más se sabe de esto?

  3. Filosofías del proceso dijo:

    Hola,
    disculpa la tardanza en la respuesta. Sé que en Jung también está presente el concepto de individuación, pero Wilber no sé quien es.
    Sobre lo que comentas, la cuestión de la relación (al menos tal como la plantea Simondon) no es algo que se “solucionaría” estudiando el nivel cuántico de la materia. De hecho, Simondon no plantea la relación como problema, sino como solución a la cuestión de la individuación: Simondon concede un valor ontológico a la relación porque la considera como la condición de posibilidad de todo proceso de individuación (físico, biológico, psíquico-colectivo etc.), sin establecer una jerarquía que privilegiaría la individuación física sobre las demás. A pesar de que él extrae del nivel físico el paradigma que utiliza para estudiar todos los procesos de individuación, dicho privilegio supondría un reduccionismo que, a mi juicio, él no aceptaría.
    La relación, para él, es el proceso que constituye al individuo y a la vez la actividad propia del mismo: el individuo es “agente y resultado” de la relación. Se trata de una actividad de compatibilización entre realidades heterogéneas previamente desligadas.
    Saludos!

  4. desdelafuente dijo:

    Hola. Según Jung la individuación es el proceso mediante el cual el individuo llega a ser “sí mismo” integrando(se) al mundo “en” la relación. El individuo incluye al mundo en sí mismo. (Recuerda a Bohm y el universo implicado). “Un holón parecerá un todo a las partes que están por debajo; pero al mismo tiempo aparecerá como una parte al todo que está por encima”. Las relaciones parte/todo las intenta establecer Wilber en sus “20 principio de la holoarquía”, los mismos que aplicarían para cada jerarquía de relaciones; extraer conclusiones del nivel físico no sería establecer privilegios si estas mismas conclusiones se verifican en los otros niveles (biológicos, vitales, mentales, etc.)

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